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Cada mes de enero en Kioto, la exposición Gafu-ten — una de las más importantes de bonsái pequeño de Japón — celebra su 51ª edición. Una composición en el tokonoma con sabina china e ibota en exposición de tres elementos, el concurso de estilos entre maestros bonsái, y la zona de venta donde se reúnen vendedores de todo el país. Recorriendo el lugar, nos encontramos frente a frente con la profundidad de la belleza que habita en la palma de la mano.
Hay momentos en que uno se detiene ante un bonsái pequeño y no puede moverse. Tan pequeño, y sin embargo concentra el tiempo del árbol. Condensar toda la expresión en un tamaño que cabe en la palma de la mano — esto no es una limitación, es una elección. Existe una belleza que solo se alcanza a través de la sustracción.
La exposición Gafu-ten es una muestra dedicada exclusivamente al bonsái pequeño. Este año celebra su 51ª edición. El hecho de haber llegado más allá del hito de los 50 años habla por sí solo de la profundidad de este mundo.
Una exposición de tres elementos con sabina china e ibota — dos árboles. No es simplemente colocar árboles uno junto al otro. Se dispone un kakejiku y se crea un único «paisaje» en el conjunto del espacio.
El árbol no es el protagonista; es el aire de ese lugar en su totalidad lo que se expresa. A esto se le llama tokonoma-kazari. Solo conociendo las formas básicas nace una interpretación propia — como si ese espacio preguntara en silencio: antes de la forma, no hay estilo personal.
Exponer en público la técnica y la composición, y confiarlas a los ojos de los demás. No temer ser evaluado, sino elegir ser visto. Quizás ese sea el verdadero sentido de lo que es una exposición.
Tanto la sabina china como el ibota utilizados en la exposición de tres elementos son obras registradas en Yuga Bonsai. También en el mundo del bonsái pequeño existe la voluntad de nombrar lo sobresaliente, registrarlo y transmitirlo — y es esa estructura la que sostiene esta exposición.
En la zona de venta hay árboles dispuestos. No es un espacio que incite a comprar, sino uno diseñado para que cada visitante elija con calma y por propia voluntad. Ver la exposición, educar la mirada, y solo entonces extender la mano.
La mirada que sabe elegir solo se cultiva mirando. Quizás el simple hecho de recorrer esta exposición sea ya el tiempo necesario para ello.
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