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El alambrado del pino negro japonés lleva implícita una pregunta fundamental: por qué ordenamos las ramas. Contener el ápice para llevar la luz a las yemas más débiles, repetir la miniaturización para mantener el árbol como bonsái — aquí nos acercamos, despacio, a la forma de pensar que existe antes de la técnica.
Un pino negro japonés con ramas extendidas en todas direcciones, creciendo como si compitieran por la luz, y otro pino negro japonés suavemente ordenado con alambre: ambos están colocados uno junto al otro. No se trata de preguntar cuál es «mejor». Estos dos árboles muestran, con su sola presencia, el paso del tiempo en el bonsái.
Las plantas tienen una cualidad fisiológica: cuanto más cerca del ápice, con más fuerza crecen. Si se las deja, el ápice vigoroso no para de alargarse, y a las ramas más antiguas y a las yemas inferiores no les llega ni luz ni aire. Extender las ramas en horizontal con alambre no es solo una cuestión de apariencia. Contener deliberadamente el ápice para llevar la luz a las partes más débiles — eso es una decisión para mantener el árbol entero con salud.
Ahí reside la razón por la que se llama formación estética. Alambrar es ir creando, rama a rama, un camino para la luz — ordenar la forma y ordenar el árbol son una misma cosa.
El árbol que vive en la naturaleza no deja de extenderse en busca de luz. Ese es su instinto, la forma de vida que ha desplegado a lo largo de cientos de años. El bonsái es ese árbol retenido dentro de una maceta. Si se lo dejara a su aire, el árbol no cabría allí.
Por eso se le devuelve a su forma periódicamente. Una vez cada tres o cuatro años, se reinicia desde un estado desarrollado a una figura cercana a cero — esta repetición es el esqueleto de la práctica que llamamos bonsái. No es un trabajo que tenga fin: continuar es en sí mismo el trabajo, y los dos pinos negros japoneses lo muestran en silencio.
Dónde colocar el alambre, en qué ángulo guiar la rama — eso es hablar de técnica. Pero antes hay otra pregunta: cómo queremos que sea este árbol.
La respuesta no está dentro del árbol. Sin embargo, cuando uno lo observa con atención, algo va aclarándose, poco a poco.
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