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Defoliación total en árboles caducifolios. Al cortar todas las hojas del exterior, la luz y el aire llegan a las pequeñas yemas del interior. La yema que hoy conservamos aquí se convertirá en la rama de dentro de unos años — conocer esa acumulación quizás cambie un poco el lugar donde se pone la tijera.
Un árbol con abundante follaje parece lleno de energía. Pero lo que el Sensei Sato observa no es esa exuberancia exterior, sino las pequeñas yemas interiores ocultas tras las hojas.
Las hojas densas del exterior roban la luz y bloquean el flujo de aire. Las yemas del interior se debilitan y acaban por desaparecer. Cuanto más animado está el exterior, más silenciosamente se va apagando el interior — reconocer esa paradoja es el punto de partida de la defoliación.
La defoliación total consiste en soltar por un momento la fortaleza del exterior. Al cortar las hojas grandes, la energía que se dirigía hacia afuera se vuelve hacia adentro. La luz llega, el aire circula, y las yemas que vivían en la sombra comienzan a despertar.
Lo que se conserva son únicamente los brotes ya desplegados y las pequeñas posibilidades del interior. Con unas tijeras bien afiladas, con cuidado y precisión. Tirar de las hojas daña las ramas. Esa herida alcanza también a las yemas que hay más adelante. Exigir un filo cortante es, quizás, una forma de respeto hacia el árbol.
Los árboles caducifolios pierden sus hojas cada otoño. La defoliación es el acto de adelantar intencionalmente, con mano humana, esa «caída de hojas». Al generar dos caídas al año, la pátina de antigüedad y el carácter se van acumulando con mayor facilidad. No se trata de ir en contra de las leyes de la naturaleza, sino de intervenir con una comprensión profunda de sus mecanismos — esa es la esencia de la defoliación.
En cuanto al momento, la tradición indicaba «de junio a julio». Sin embargo, últimamente el calor llega antes. Conviene terminar entre abril y mayo, antes de que las raíces entren en reposo. Observar el estado del árbol, leer la estación y decidir cada vez. Los principios transmitidos son, ante todo, un punto de partida.
Las pequeñas yemas que se conservan en el interior se convertirán en ramas. Con esas ramas se podrá realizar la siguiente poda. Repetiéndolo, la forma del árbol se va compactando poco a poco.
La defoliación no es solo cosa de este año. Una sola yema conservada hoy aquí está decidiendo la rama de dentro de tres años. Pensando así al mover la tijera, quizás cambie un poco la manera de tratar cada hoja.
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