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Es el trabajo fundamental de aplicar el alambrado al material en bruto de pino negro japonés para ordenar la dirección de las ramas. ¿A la derecha o a la izquierda?——primero se decide en la mente hacia dónde se quiere dirigir, y a partir de ahí se determinan el sentido de enrollado y el tamaño del alambre. Antes de tomar un solo alambre, todo comienza por imaginar el futuro del árbol.
El alambrado no comienza tomando el alambre. Comienza por decidir en la mente «hacia dónde se quiere dirigir».
¿A la derecha o a la izquierda? ¿Acercar o abrir? La intención viene primero, y solo entonces se determina el sentido de enrollado. No se puede mover la mano sin haber decidido la forma. Primero la imaginación, luego el trabajo——el punto de partida del alambrado es siempre imaginar el futuro del árbol.
El alambre tiene distintos tamaños. Desde 1,2 mm hasta 4,5 mm, con diferentes grosores disponibles. Alambre grueso para ramas gruesas, alambre fino para ramas finas——dicho así parece obvio, pero en la práctica hay que ir comprobando rama por rama. Si se aplica el mismo grosor de forma uniforme, habrá zonas donde no hace efecto y zonas donde daña.
La base es aplicar un solo alambre a dos ramas de grosor similar. No es simplemente por eficiencia. Al tener un punto de anclaje fijo, el alambre actúa de forma equilibrada sobre ambas ramas——esa es la razón. Qué dos ramas combinar ya es en sí mismo el comienzo de la observación y el juicio.
Se dice que «lo básico es empezar desde arriba». Entrar desde arriba facilita que la rama se abra a ambos lados y que la mano se mueva con naturalidad. Pero no es una regla absoluta. Si al observar el ángulo de la rama, su dirección y el espacio circundante se llega a la conclusión de que «es mejor entrar desde abajo», esa también es una elección legítima. No se trata de que la excepción esté «permitida», sino de que la rama lo pide, y por eso se hace así.
Conocer la norma es también saber cuándo apartarse de ella.
La rama alambrada cambia en silencio. Meses después, al retirar el alambre, la rama ya ha hecho suyo ese ángulo. La forma que le fue impuesta se convierte, con el tiempo, en la voluntad del árbol.
La dirección que se decide hoy aquí se convierte en la memoria del árbol. Saber esperar ese cambio es, quizás, también parte del alambrado.
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