Objetivo y efectos de pegar musgo

Maestro: Fune Trasplante: Aplicaciones

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Se aplica musgo a un bonsái pequeño antes de una exposición. El musgo, con los tonos igualados, se dispone como un puzle desde el borde de la maceta; el musgo de sol, de tono blanquecino, se añade con delicadeza junto a la base, reproduciendo así el suelo natural. Quedan dos semanas hasta la exposición: el tiempo de adaptación también es parte de la preparación.

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Musgo Shimpaku Invierno

No pintar, sino reproducir

Antes de una exposición, uno de los trabajos pendientes en el bonsái es la aplicación de musgo. Si pensamos que basta con cubrir la superficie de la maceta de verde, el resultado acaba pareciendo artificial. Lo que se nos pide aquí es otra cosa: «reproducir fielmente el suelo natural tal como es».

Se utiliza musgo recolectado aproximadamente un mes antes, con los tonos ya igualados. Se empieza por el frente y, siguiendo el borde de la maceta, se van colocando pequeñas piezas como si fuera un puzle. Para que las juntas queden lo más invisibles posible, cada pieza se superpone ligeramente a la anterior y se presiona despacio con la yema del dedo para integrarla en el sustrato. Repitiendo ese gesto, se avanza hacia la base del árbol.

Para el bonsái pequeño conviene un musgo fino y menudo. El musgo grande desentona y queda flotando, fuera de escala. Crear una miniatura de la naturaleza dentro del mundo de la maceta: esa mirada habita también en la elección de cada trozo de musgo. Las raíces superficiales visibles se cubren con cuidado para protegerlas del daño. Dar forma y, al mismo tiempo, proteger.

¿Por qué colocar el musgo de sol junto a la base?

Como toque final, se inserta musgo de sol cerca de la base del tronco. Es un musgo de aspecto discreto, ligeramente blanquecino. ¿Por qué colocarlo ahí?

En los bonsái bien cuidados, el musgo de sol crece junto al tronco. Es un conocimiento nacido de años de observación. No se coloca ahí por estética, sino porque así ocurre en la naturaleza. «La naturalidad» no nace de imitar la naturaleza, sino de reproducir fielmente sus propias leyes: en esa pequeña decisión vive, en silencio, esa forma de pensar.

Mientras la yema del dedo va integrando el musgo, el mundo de la maceta se asienta poco a poco. Más que una sensación de acabado, es una sensación de comienzo.

Prever el tiempo de adaptación

El musgo recién aplicado todavía solo está ahí. Su color y su textura necesitan tiempo para fundirse con el ambiente de la maceta. Por eso se termina dos semanas antes de la exposición.

No se trata de «terminarlo y luego presentarlo», sino de «ordenar todo teniendo en cuenta también el tiempo de adaptación». Esa actitud sin prisas respira en cada rincón del bonsái.

Después de contemplar la maceta ya terminada, se deja en manos del tiempo. Ese margen también forma parte de la preparación para la exposición.

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