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Con el riego del pino negro japonés como hilo conductor, también se aborda la manera de relacionarse con el pino blanco japonés y el olmo japonés. Desde la técnica en dos tiempos — mojar primero la superficie y luego regar con abundancia — hasta la frecuencia según la estación, la pulverización foliar y el cuidado de la corteza del tronco. La repetición diaria de regar cuando el árbol está seco va cultivando la mirada capaz de verdaderamente ver el árbol.
El riego puede parecer la tarea más discreta del cuidado del bonsái, y sin embargo quizás sea la más profunda. Tomar la manguera y dirigirse a la maceta. Parece algo sencillo, pero en realidad, cada vez estamos respondiendo a la misma pregunta: «¿Necesita agua hoy este árbol?»
Primero se moja ligeramente la superficie y se espera a que el agua sea absorbida; luego se riega de nuevo con abundancia. Al hacerlo en dos tiempos, el agua alcanza las capas más profundas del sustrato. Pero antes de todo eso, hay algo que siempre hay que hacer: mirar el árbol.
A primera vista, esta frase parece obvia. Sin embargo, a medida que se repite día a día, su significado se va transformando poco a poco.
En verano, hasta tres veces al día. En primavera, otoño e invierno, por lo general una. Pero son solo referencias. Lo importante no es la frecuencia, sino el propio proceso de comprobarlo con los propios ojos. Sentir el peso de la maceta. Tocar la superficie del sustrato. Ver si las hojas están ligeramente caídas. Ese trabajo acumulado se convierte, con el tiempo, en una sensación: «hoy está bien así». No un manual, sino un diálogo. Creo que eso es lo que es el riego: un hábito de ese tipo.
Cuando uno lleva tiempo regando, llega un día en que nota algo. El agua tarda más en ser absorbida por la superficie. El drenaje por el fondo de la maceta se vuelve más lento. Esto no es un error. Es el árbol que nos avisa, suavemente, de que ha empezado a prepararse para el trasplante de primavera.
En el pino negro japonés, la corteza del tronco lo es todo. Si recibe agua con demasiada presión, la corteza se daña. Por eso el caudal de la manguera debe ser suave y cuidadoso. El pino blanco japonés es una planta de alta montaña. El sol intenso de las tardes de pleno verano conviene alejarlo con delicadeza. Hay veces en que un problema de riego se resuelve, en realidad, buscando un lugar diferente. Cuando se observa el árbol, estas cosas se van viendo poco a poco.
Regar el bonsái no es una tarea, es una observación. Ponerse delante del árbol, comprobar su estado y darle lo que necesita. Si se repite cada día, quizás una mañana uno se dé cuenta de que ha salido fuera no para regar de paso, sino para mirar el árbol.
Ese cambio puede ser, tal vez, el verdadero comienzo del bonsái.
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