Preparación para la exposición #1 Trabajo de estilizado del shinpaku

Maestro: Fune Camino a la exposición

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Se prepara una sabina china de cara a la exposición. Tras tres años, se cambia la cara frontal, se redefine el ángulo tomando como punto de partida el equilibrio del Jin, y se avanza hacia el alambrado retirando las ramas innecesarias. Un día de trabajo en el que, sin precipitar el acabado, se elige la forma que mejor corresponde a esta etapa del árbol.

Fune
Alambrado Introducción Jin & Shari Shimpaku otoño primavera

Abandonar la cara frontal trabajada hace tres años

Existe una cara frontal que se estableció hace tres años. La copa y el flujo de las ramas se han trabajado orientados hacia esa cara. Hoy la abandonamos.

Lo que lo decidió fue el Jin. Demasiado protagonismo — solo esa razón basta para dar la vuelta a tres años de trabajo. Hace tres años también dudé mucho al elegir la cara frontal. No hay una respuesta correcta para determinarla. Esa conciencia es la que permite soltar algo que ya se había trabajado. No aferrarse a la idea de acabado. Contemplar las posibilidades del árbol desde un ángulo aún no explorado. Ese fue el punto de partida de este día.

La imagen se mueve antes que las manos

Antes de colocar el alambre, la forma final ya está presente en la mente. Qué ramas combinar, dónde situar el tamaño de la primera rama — todo está dibujado como volumen tridimensional antes de mover las manos.

Si se toca una rama con la imagen todavía borrosa, cada decisión genera duda y el trabajo se fragmenta. Solo cuando la silueta del árbol es visible, el movimiento es posible. Definir primero el tamaño de la primera rama — eso establece la escala del conjunto y se convierte en el punto desde el que las ramas superiores se determinan en cadena.

Cuanto más pequeño se trabaja, más grande se ve

Se recogen las ramas hacia el interior y se acortan las que avanzan hacia el frente. Comprobando desde la cara frontal, las ramas se van acortando progresivamente hacia arriba. Esta disciplina es la que da forma al tamaño del bonsái pequeño.

Las ramas interiores, las más difíciles de alaminar, son precisamente el lugar al que más cuidado hay que dedicar. Se frena el impulso de eliminarlas y se aprovecha esa ramita. El trabajo cuidadoso en las partes menos visibles sostiene en silencio la riqueza que se percibe desde la cara frontal. Quizás eso es lo que significa que el reverso sustenta el anverso.

Como decisión de este día

Dentro del plazo que marca la exposición, se elige conservar dos ramas donde antes había una primera rama. Sabiendo que a largo plazo sería mejor reducirla a una, ahora se prioriza el volumen. Recorrer el camino hasta la exposición significa aspirar a la forma adecuada para esta etapa. No apuntar a la perfección, sino ir ajustando la mejor forma posible dentro del tiempo en que este árbol se encuentra ahora.

Se crea espacio entre las ramas, se cuida que el alambre no se cruce, y se va dando forma al domo de la copa. Decisiones múltiples que se van acumulando dan forma al trabajo de este día.

Dentro de tres años, quizás esta cara frontal vuelva a cambiar. Aun así, la elección de hoy queda grabada con certeza dentro del árbol. El bonsái, de ese modo, se profundiza con el tiempo.

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