Pinzado de yemas de Ichii

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Realizamos el primer pinzado de brotes de mayo en un tejo japonés al que se le dio forma con alambrado hace dos años. Detenemos el ápice vigoroso para favorecer las yemas interiores, retiramos las hojas viejas amarillentas y estimulamos el brote desde la base de las ramas. Mantener no es fijar, sino seguir dialogando con el árbol — algo que se comprueba con las propias manos.

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Aclarado de hojas Pinzado Poda Tejo japonés primavera

Detener el ápice, y el porqué

El tejo japonés de mayo parece tranquilo, pero por dentro va deprisa. Las nuevas yemas verde-amarillas brotan con fuerza desde el ápice, y entre ellas conviven el verde oscuro del año pasado y las hojas pardas del anterior — tres generaciones mezcladas mientras el árbol vive su momento de mayor vigor.

Ahí es donde empezamos a introducir la tijera, primero en las yemas más fuertes. Las débiles, por ahora, no se tocan. Lo primero que se detiene es el ápice vigoroso. ¿Por qué? Si lo dejamos libre, la energía del árbol seguirá yendo hacia afuera. Las yemas interiores irán quedando en sombra, perderán la luz y, con el tiempo, perderán también el vigor. Detener el ápice es darle turno a las yemas débiles del interior del tronco y la base de las ramas. Es devolver hacia adentro la fuerza que quiere expandirse hacia afuera.

Al retirar lo superfluo, lo que queda gana en presencia

Las hojas viejas amarillentas se retiran sin dudar. Las ramas que salen en número de tres o más desde un mismo punto se cortan por el centro para dejarlas en dos. Las ramas que sobresalen del contorno se reconducen desde la yema joven más próxima, para mantener la compacidad. Lo que une todas estas acciones es una misma idea: al eliminar lo superfluo, lo que permanece gana fuerza.

Desde la base de la hoja caída vuelve a brotar una yema nueva. Eliminar no es secar, sino invitar a la renovación. No hacemos más que guiar con cuidado el mismo proceso por el que la planta desprende lo que ya no necesita — y pensándolo así, quizá la duda antes de introducir la tijera se disipa un poco.

Mantener: un trabajo que no deja de moverse

«Mantener la forma» — preservar el contorno que se construyó hace dos años con el alambrado — es el objetivo del pinzado de brotes. Pero mantener no significa proteger algo fijo.

El árbol no se detiene. Hay que ajustar el contorno al crecimiento, enriquecer el interior del ramaje, seguir equilibrando lo fuerte y lo débil. Mantener no es inmovilidad, sino un diálogo continuo con el árbol. No se trata de defender la forma, sino de seguir dialogando con ella — solo así la forma sigue viva.

Este tiempo en el que la mano se mueve comprobando yema a yema no es un simple mantenimiento: es también el tiempo en que la relación con el árbol se va profundizando poco a poco — algo que, por lo general, uno lo advierte justo cuando el trabajo ha terminado.

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